“Ghostland” y los mártires medievales...
(Publicado originalmente el 24 de Junio de 2018 en Tumblr)
Cuando vi “Martyrs” (2008) de Pascal Laugier sentí un
poco de excepticismo debido a que ignoraba muchas cosas (aún no había
visto tanto cine ni leído mucho sobre arte) y porque muchas veces uno
peca de prejuicios cuando consume películas y arte en general: pensé que
era una película un tanto morbosa y me pregunté el por qué a varias
personas les había atraído. Tomé erróneamente como referencia a la
persona que me la había recomendado y prestado (un drogadicto que estaba
obsesionado con “lo otro” y con el arte Kitsch) y todo lo asocié al
snobismo por el que siempre se atraviesa cuando se empieza a conocer un
mundo determinado (en cine cuando notas que a mucha gente le gustan
cosas como Kubrick, Trainspotting, Citizen Kane, etc, pero que no se
atreve a ir más allá con las variadas posibilidades que existen) y,
además, al morbo simple que causan las cosas violentas tipo
“Irreversible”, “Holocausto Caníbal”, “Requiem for a Dream”, “A Serbian
Film” o “Human Centipede”. Osea un morbo que no iba más allá de presumir
haber visto una de “las 10 películas más violentas/perturbadoras de la
historia” y afirmar que no es tan violenta u ovacionar esa misma
violencia pero no el trasfondo. El visionado en aquel entonces lo dejé
así. Para mí fue una película violenta más y ya. Tiempo después me vi
ahondando más en las artes visuales, en especial en las representaciones
demoníacas y la violencia en la pintura. De alguna u otra manera acabé
ahondando en las representaciones de los mártires y los santos
medievales. Descubrí pinturas en las que le cortaban los senos a una
mujer, otras donde un anciano era deborado por tigres, muchas otras
donde diferentes personas eran decapitadas, enjauladas, quemadas,
torturadas con diferentes instrumentos, desangradas, descuartizadas,
despellejadas, desolladas, humilladas, todo con lujo de violencia y
gráficamente explícitas. Visualmente me causaron muchas cosas, pero
conceptualmente me inquietaron mucho más. A pesar de que eran
representaciones ligadas a una religión (o a la visión de una religión)
que no comparto causaron algo dentro de mí. Tiempo antes había leído
sobre el infierno y las representaciones de lo demoníaco en el arte,
pero después de descubrir esas pinturas me topé con otro libro muy
interesante que se enfocaba en el dolor. “Una historia cultural del
dolor” (de Javier Moscoso) me hizo apreciar todas esas representaciones
que alguna vez fueron hechas/usadas para adoctrinar, causar miedo y para
admirarse con la fortaleza de la visión espiritual de una persona.
Analiza, desde diferentes perspectivas, esas pinturas que muestran todo
ese sufrimiento físico y que de alguna manera se conectan con otra cosa
(en este caso con las visiones espirituales de los santos y los
mártires). Toda esa violencia gráfica ya no era morbosa ni solamente un
medio de manipulación religiosa, era otra cosa: ese anhelo del ser
humano por trascender el mundo físico a través de lo que más miedo le
da, que es el dolor y el sufrimiento tanto físico como interno (aún más
que la muerte, pues el miedo a la muerte viene ligado a ese dolor que se
supone sentirás cuando mueras). La película de Laugier ya no me parecía
cualquier película, o una película que simplemente servía para
despertar el morbo, pues era una representación audiovisual de todo lo
que ya había visto y leído acerca de ese tema. Y se me hizo interesante.
(Otra obra audiovisual ligada a este tema y que causó mucho más ruido,
morbo y locura y que ya no me pareció tan morbosa pero sí una obra
malentendida es “The Passion of the Christ” (2004). Empecé a recordar
cómo demasiada gente fue atraida por la violencia gráfica y el dolor de
uno de sus símbolos más interiorizados (Cristo) y cómo ver esa
representación los hacía sufrir y llorar a pesar de que el gancho fuera
el morbo de ver gráficamente ese dolor físico (como en las pinturas
medievales), creo que es una película de masas que tiene algo a pesar de
haber sido tan criticada). Hoy sin querer ni esperarlo me topé con el
último largometraje de Pascal Laugier: “Ghostland” o “Incident in a
Ghostland” (2018). Es una película sencilla cuyo trailer no te provoca
expectativas y te hace pensar que se trata de cualquier película de
horror para adolescentes. Cual fue mi sorpresa pues descubrí una
película que enfrenta al mundo físico y al mundo imaginario en un
escenario horrorífico y violento. Como “Martyrs”, “Ghostland” pone en
escena a unas jóvenes que sufren físicamente, pero en este caso la
imaginación es la protagonista. Como el personaje principal de esta
película somos unos seres que andan entre el mundo interior y el mundo
físico y nos debatimos entre ambos porque no sabemos lidiar con cada uno
de ellos ni con los dos a la vez. No sabemos si tomarle más importancia
a lo que experimentamos de forma física o a lo que nos surge en el
interior desde aquel otro mundo (el de los sueños, el de la imaginación,
el inconsciente, el creativo). La película alcanza el clímax en ambos
mundos y eso fue lo conmovedor de la misma. A pesar de que el medio es
gráficamente violento (no tanto como “Martyrs”) y de horror, éstos
aspectos pasan a segundo plano y la obra se convierte en otra cosa. Me
hizo llorar en un par de escenas porque reflejan esa combinación de
mundos de una forma muy sencilla y visualmente bella.
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